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Ruta de la palabra

Achoclonados por las palabras

Equipo Fundación Palabra

Hay palabras que, por mucho que uno se empeñe en acapararlas, terminan viajando con alas propias por los lugares más insólitos. La historia de nuestro continente no puede separarse de sus lenguas originarias y los lenguajes aprendidos a lo largo de los siglos. 

En esta ruta de la palabra, queremos destacar uno de esos vocablos que nos remiten al origen del hombre, nos ha alimentado por años y nos acompaña hasta el día de hoy: el choclo.

Esta planta, que nos regala mazorcas con granos (en general, amarillos), ha estado presente desde hace más de 7 mil años en Mesoamérica, donde comenzó su cultivo. Luego, se fue extendiendo a todos los pueblos andinos, convirtiéndose en base del sustento y uno de los motivos para que los pueblos pudieran pasar a ser sedentarios.

 

 

Los quechuas llamaban choccllo a esta mazorca de maíz; en la lengua taína el maíz se volvía poesía y se denominaba como ‘lo que sustenta la vida’.

Y, ¿cómo se dice hoy en los distinto países de Latinoamérica?

Los artistas, cautivados por la vida que entrega este tesoro de dientes amarillos, lo han retratado de distintas maneras: a través de las pinturas y también de las palabras.

Venerable abuelo maíz, de la artista Rina Lazo, (detalle, 1995). Sala Maya, Museo Nacional de Antropología e Historia, Ciudad de México.

La cosecha, Diego Rivera. Parte de los murales de la Secretaría de Educación Pública.

Oda al Maíz (fragmento)
Pablo Neruda

Primero suave barba

agitada en el huerto

sobre los tiernos dientes

de la joven mazorca.

Luego se abrió el estuche

y la fecundidad rompió sus velos

de pálido papiro

para que se desgrane

la risa del maíz sobre la tierra.

(Para leerla completa, te invitamos a visitar el Centro de Recursos de Educarchile)

Si de palabras se trata nuestra cultura popular, siempre tan sensible a las imágenes y lo lúdico del lenguaje, lo ha incorporado con dichos y modismos:

Desgranar el choclo: separar los elementos de un grupo, dividir.

La choclera: la boca, los granos de choclos serían los dientes.

Achoclonar: amontonar, apilar, agrupar; juntarse muchas personas en un lugar de poco espacio, ir apretado como los granos del choclo.

Seguramente, de tanto hablar del choclo, elote, jojoto, se ha despertado el apetito. Nada mejor que terminar esta ruta encendiendo el fuego de la cocina y dejándonos inundar por ese olor tan propio de nuestra gastronomía.

 

La pasta de choclo
Jorge Lillo Valenzuela

En olla y a suave fuego
la mantequilla derrita.

El choclo añádale luego
con la mano, despacita.

Va poniéndole la leche,
revolviéndola con arte:
que la mezcla no se pegue.

Unos diez minutos, darle.

Sazone sin alharaca,
siempre como pida el gusto,
pimienta, sal, albahaca,
mezcle y revuelva lo justo.

Con esta pasta cremosa
sobre su cama de pino
las cuatro pailas rebosa
con elegancia y con tino.

Azúcar le espolvorea
y en el horno, a medio fuego,
las pailas regalonea
y se apronta a servir luego.

Comensal en mesa puesta
-con apetito que estalla-
recibirá, boca abierta,
el pastel que nunca falla.

Del libro Recita tu receta (2018). Liberalia Ediciones.

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Ilustración de Isabel Hojas.

Del libro: Sabores de América (2009). Editorial Amanuta.

Leyenda Azteca del maíz

Para conocer más de la mitología en torno al choclo, los invitamos a ver la animación de la leyenda azteca del maíz.

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