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EL MUNDO EXPLORA A Latinoamérica
Fauna Improbable. Animales mitológicos de la antigua América.
Rocío Casas B. (2024)
Editorial USACH, Colección Idea
“En el centro de la cosmovisión de los Andes antiguos está el concepto de la dualidad. En quechua, la dualidad complementaria se llama tinkuy y se asemeja mucho a la idea de la filosofía oriental que reside en el ying-yang”.
Este año conocimos a Rocío Casas gracias al lanzamiento de Fauna Improbable. Animales mitológicos de la antigua América, de Editorial Usach. A partir de la lectura de su libro, descubrimos ciertos elementos de su biografía que han influido en la trayectoria de investigación y que ella misma comparte y reconoce como base fundamental de su trabajo. De familias chilena y mexicana, el estudio sobre las representaciones de la fauna derivó en investigar y conocer más de las culturas andinas y mesoamericanas. Así, refuerza la idea de que “Cada vez que estudiamos sobre cualquier tema estamos investigándonos a nosotros mismos, consciente o inconscientemente” (229).
Los animales improbables son seres mitológicos que “cuando ingresa a la literatura y el arte comienza a comportarse de formas diferentes a como lo hace en la naturaleza”(223). Como dice la autora, al estudiarlos se conocen los símbolos que no hemos visto, representando a la cultura de las tierras antiguas del continente Americano.
Compartimos aquí con ustedes dos fragmentos de las reflexiones realizadas por Ana Pizarro y Marcela Labraña en la presentación del libro. Esperamos que estas sean una invitación a leer el libro y conocer este universo tan propio y desconocido.
Agua – dice- aire, tierra, fuego. Los textos aquí incorporados pertenecen a aquel cúmulo que se instala en la memoria cultural. Escritos en tiempos prehispánicos o un poco más tardíos, traducidos luego, son la base con que la autora diseña el perfil de sus animales improbables. Improbables: este término es fundamental por la exactitud con que nombra lo nebuloso, lo etéreo del lenguaje de la materia mítica. Por la delicadeza con que los sitúa entre el ser y el no ser. Apunta a la existencia material de aquello que se sitúa en los bordes de lo que llamamos realidad. Figuras desviantes de un panteón conocido, el imaginario de nuestros orígenes culturales es buscado, leído, observado, muchas veces en diálogo con los sistemas simbólicos que organizan la experiencia ancestral de otras latitudes. Lo importante es que es poetizado aquí con maestría. Tal vez el género del ensayo literario con el que se trata de recabar una existencia tan plural es el más adecuado por su virtualidad poética.
¿De qué otra manera darle vida nuevamente a estas entidades míticas sino con la capacidad trascendente de la palabra en instancia de poesía?
¿Cómo entrar a navegar en este laberinto de redes simbólicas? ¿Cómo llegar a observar el modo como se iluminan entre sí?
La autora encuentra el ángulo justo, los puentes básicos que lo perfilan, porque también son los más abarcadores: agua, tierra, aire, fuego, los cuatro elementos. Y luego la concepción de pluralidad en movimiento, en metamorfosis, otro término central en la comprensión del material investigado.
Entonces aparece la relación entre los textos, que nos permiten ver a estos animales en un marco privilegiado, el de los escritos consagrados de edades disímiles: la Biblia, las corónicas de Guamán Poma, el Popol Vuh, los Dioses y Hombres de Huarochiri. Pero también en diálogo con las figuras y los volúmenes que hablan un lenguaje similar, el de las cerámicas, los tejidos, las estelas en piedra guardados en distintos museos del continente.
De allí surgen las relaciones, las jerarquías: la serpiente, visitante privilegiada de casi todas las construcciones míticas, respetada y despreciada en los orígenes bíblicos de Occidente por su carácter maligno, pero más allá de éste presente con el poder, la seducción, el carácter mediador con el inframundo, la capacidad de rehacerse y, con su piel, desafiar el tiempo . El gato montés, llámese tigre, onza o león, admirado y temido. Su imagen se metaforiza y, disfrazándose de humano, se come al indio. (…)
El trabajo de Rocío Casas es especial, como la autora de la investigación: hay en él la búsqueda de un tema muy poco frecuentado por investigadores jóvenes. Hay en esta elección una enorme valentía.
(…)
Atisbamos así el universo de ese otro que no es humano pero que es nuestro conviviente, nuestro interlocutor, nuestro antecedente. Que forma parte de nuestra historia como tan bien lo consideran las culturas ancestrales, nuestras culturas indígenas, que lo nombran al incorporarlo en el reconocimiento de su estirpe : clan de la onza, clan del halcón, clan del yacaré, del jaguar…
Quiero empezar estas notas o primeras impresiones de lectura comentando la estructura de Fauna improbable. Animales mitológicos de la antigua América. Como es usual, el índice da cuenta de un centro o núcleo integrado por cuatro capítulos: AGUA, TIERRA, AIRE, FUEGO.
(…)
Toda investigación, plantea la autora de Fauna improbable, “[c]ual animal mitológico […] está viva y en permanente movimiento”. No obstante, la investigación misma alienta nuestro deseo de “capturar nuestros materiales de estudio”, afán o constante que sin duda “moviliza el trabajo de la investigación”. Con este fin, el de acercarse a su objeto de estudio, la autora/la investigadora se ve obligada a congelar “el cuerpo de este animal en un instante donde se observa en un salto desde lo más profundo hasta lo más alto, pasando por los cuatro elementos de la naturaleza. […]. Y dentro de dicha organización el material cobró una nueva fuerza, significativamente unida dentro de una realidad que es el cambio constante: la metamorfosis”. Es por eso que tal congelamiento es solo momentáneo, una “ilusión sin la cual probablemente estaríamos perdidos. En el momento en que llegamos a ella se esfuma entre nuestros brazos anhelantes, lo cual sucede porque tienen vida propia, es decir nunca deja moverse y transformarse”.
La autora tiene claro que las narraciones mitológicas al funcionar de “forma poética, con imágenes y metáforas” construyen un sentido profundo que requiere de una lectura que vaya más allá de lo literal”. Por esta razón, las identidades de estos animales probables que habitan este libro están vivas, “por lo tanto en continuo movimiento, porque contienen semejanzas y diferencias” que se resisten a la palabra unívoca, al género del “tratado que todo lo contiene representando una sola verdad”. No encontraremos, pues, en este libro, definiciones que funcionen como bloques rígidos o dogmas de fe. “Es posible ensayar para definir tal cosa, más no retener. Lo cual comienza a explicar porqué el lenguaje necesario para hilar cada fragmento en una gran narración debió ser uno más cercano a lo ensayístico”(225), escribe Rocío en las conclusiones de Fauna improbable.
Agradecemos a la autora Rocío Casas B., así como a Marcela Labraña y Ana Pizarro, por la autorización para reproducir estos textos que compartimos con ustedes.
Todas las citas incluidas en los textos corresponden al libro Fauna improbable. Animales mitológicos de la antigua América. Para facilitar la lectura en los formatos digitales se ha omitido el uso de notas a pie de página. Las citas se pueden encontrar en las páginas: 19, 222, 225.
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Para conocer más de la autora Rocío Casas B, te invitamos a seguirla en sus redes sociales @rociocasasbulnes.
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