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CHILE

Conversación con Jorge Rodríguez:

“La danza del tinku es magia”

María José Hess

Los orígenes del tinku y una historia familiar marcada por la danza y la devoción a la Virgen de Guadalupe de Ayquina llegan a Fundación Palabra desde la voz de uno de sus protagonistas. 

Ayquina es un poblado altiplánico ubicado a 3.000 metros sobre el nivel del mar, en la provincia de El Loa, Región de Antofagasta. En terrazas de cultivo y gracias a técnicas agrícolas ancestrales, sus aproximadamente 50 habitantes cultivan maíz, trigo y alfalfa, además de contar con ganadería de llamas y cabras. Es un poblado tranquilo en medio del cañón del río Salado, con casas de piedra caliza montadas en peñones en los que cruje el viento, muchas de ellas cerradas con candados. Se podría imaginar casi abandonado.

Esto cambia rotundamente cada 8 de septiembre, cuando Ayquina recibe a más de 70 mil personas que se preparan todo el año para honrar a la Virgen de Guadalupe, festividad que repleta el poblado de bailes, música y tradiciones ancestrales, atrayendo a fieles, músicos y turistas. 

Fundación Palabra conversó con Jorge Rodríguez, Director General de la Agrupación Religiosa Tinkus Hijos de Guadalupe de Ayquina, acerca del significado de la danza del tinku y cómo su historia familiar ha estado tejida por la danza y la devoción. 

¿Desde dónde surge la danza del tinku?

Tinku es una danza milenaria que proviene del norte de Bolivia, cerca de Potosí. La palabra en quechua significa encuentro, encuentro de ayllu o poblados para agradecer a la Pachamama o Madre Tierra, a Inti o Sol, al viento. Es un encuentro para agradecer por las cosechas y lo que ha dado la madre tierra durante el año. Vienen de cada ayllu con banderas y se hace una fiesta grande, cada año en un poblado distinto. Pero tinku también es combate pues al final se encuentran en una pelea de guerreros, uno de cada ayllu, y en ese combate pelean hombres y mujeres. 

Hoy se ha transformado alegóricamente en una danza.

¿Cuál es la relación de tu familia con el tinku?

Mi padre, Carlos Rodríguez, trajo la tradición a Chile. Sus padres bolivianos se vinieron a Chile y mi padre estuvo impregnado con las cosas de mis abuelos y viajó a Oruro por los años 70. En tren se fue de Calama a Bolivia e ingresó a bailar tinku en Urkupiña, por la Virgen de Urkupiña, cerca de Cochabamba.

Nuestra familia es devota de la Virgen Guadalupe de Ayquina y el 8 de septiembre es el día más importante para nosotros. Mi papá fundó este tinku y presentamos por primera vez en septiembre del año 2000 como Agrupación Religiosa Tinkus Hijos de Guadalupe de Ayquina. Hemos pasado de 30 a tener entre 300, incluso hasta 450 personas. 

Mi mamá es la primera caporal del baile. Tiene cáncer y otras enfermedades y yo le bailo a la virgen para la salud de mi mamá.

¿Cómo es la preparación?

Nos preparamos todos los domingos durante el año. La mayoría de los que componen la agrupación son jóvenes que creemos en nuestra madre Guadalupe de Ayquina y lo demostramos con mucha garra, con alegría. Con el color y la fuerza de la magia que tiene la música para ella. 

Los domingos para nosotros más que fútbol es ir a ensayo, si pudieran ver la cantidad de jóvenes que nos reunimos. Mi padre se consigue colegios y allí ensayamos los domingos.  

¿Y los trajes?

Encargamos los trajes a Bolivia. El primer traje fue una camisa blanca, cuello y puño de aguayo, pantalón negro, chalas que llamamos abarcas y el hombre usa sicas o polainas. Hoy tenemos un traje verde, rojo, mantequilla, calipso y blanco, esos cinco trajes usamos. 

En el caso del hombre se usa la montera, la que está hecha de cuero de animal y se asemeja al casco de los españoles. 

¿Qué palabra nos regalas? 

Magia. Porque el día que conozcan el baile verán que la danza del tinku es magia.

En la foto: Jorge y Carlos Rodríguez.

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María José Hess

Periodista y Magíster en Estudios de Desarrollo. Más de 15 años
de experiencia movilizando proyectos de desarrollo sostenible, ideas y contenidos.

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