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El Mundo

El poder de los libros

Comentario de libros

Daniela Angelini A.

Los libros de la Señora Jella
Kathy Stinson, ilustraciones de Marie Lafrance y traducido por Susana Tornero (2020)
Editorial Juventud, España

“Volvamos a poner en su sitio este mundo del revés, empezando con los niños.
Ellos nos mostrarán a los adultos el camino a seguir” (Jella Lepman, 1945)

Kathy Stinson, autora canadiense de más de treinta libros para niños – entre ellos El rojo es el mejor de editorial Ekaré –  publicó el año 2020 Los libros de la señora Jella. Un cuento basado en la historia real de Jella Lepman, la creadora de la Biblioteca Internacional de la Juventud (Munich), fundadora de IBBY y del premio de literatura infantil Hans Christian Andersen. 

Durante 1946, Lepman viajó por Alemania con una fabulosa exposición de libros infantiles y juveniles de distintos países, conseguidos como donación para los niños alemanes. Su idea para ir restableciendo “el buen rumbo del mundo” tras la II Guerra Mundial era empezar por los niños. Lepman pensaba que serían ellos quienes mostrarían el camino a los adultos. Esos libros fueron los primeros emisarios de paz. Jella siempre creyó que los libros eran la mejor manera para que los seres humanos pudieran vincularse entre ellos y evitar así nuevas guerras. Comenzó pidiendo libros a veinte naciones, de las que diecinueve confirmaron inmediatamente su colaboración. Solo un país, Bélgica, rechazó la participación argumentando haber sido invadidos dos veces por Alemania. Ante la insistencia de Jella finalmente terminaron enviando los libros más bellos de la exposición.

Jella Lepman, fotografía Editorial Juventud

Jella Lepman logra construir un puente de libros para los niños alemanes en una época en la que estos eran objetos raros y valiosos. Su exposición fue el primer evento internacional en la Alemania de la posguerra, por lo que tuvo también gran importancia política. 

Lepman comprendió que los mejores libros infantiles, escritos en distintos idiomas, eran propiedad universal de toda la infancia y que los niños los hacen suyos sin detenerse a pensar el país de dónde vienen.

Al final del libro, Stinson incluye una pequeña biografía de Jella, donde podemos conocer más de su historia, su etnia, parte de su obra y algunas fotografías. Así sabemos que Lepman huyó de Alemania en 1936, pero que regresó en 1945 y se dedicó exclusivamente a tratar de mejorar las vidas de los niños alemanes trabajando, como lo hicieron también otras organizaciones judías, junto a la Armada de los Estados Unidos. 

En Los libros de la señora Jella conocemos a los hermanos Annelise y Peter que viven en una ciudad alemana de la posguerra. Su ciudad está llena de escombros y las mujeres se dedican a remover adoquines y trozos de edificios destruidos.

Annelise se detiene a recoger una cáscara de naranja para el hambriento Peter, mientras él corta una flor roja que crece en el pavimento. Estas flores rojas aparecerán a lo largo del relato cada vez que los niños abran y lean los libros que van encontrando. 

Página interior del libro

Los hermanos ven una fila de gente que desaparece dentro de un gran edificio. Allí estaba la exposición de libros de la señora Jella. Es aquí donde comienza el camino de lectura y sanación de estos niños.

“Pero ahora la biblioteca había desaparecido. Y papá también”. 

Al día siguiente regresan y conocen a la señora Jella quien lee La historia de Ferdinando, libro prohibido durante el régimen nazi y que resuena en Peter, quien se identifica con el toro pues le gustan las flores y odia pelear.

La ilustración del libro está a cargo de Marie Lafrance, nacida en Quebec, vive actualmente en Montreal tras pasar algunos años en San Francisco y Nueva York. Nominada a varios premios de ilustración y ganadora del premio Ruth and Sylvia Schwartz Children´s Book Award, da vida a esta historia que nos habla también de la importancia de la cooperación internacional. Sus ilustraciones son muy delicadas, de bordes suaves. Nos muestran una ciudad en ruinas y a la gente haciendo fila para conseguir alimentos. También vemos una escena de Annelise secando un plato junto a su madre que sostiene una tetera “que ha sobrevivido al bombardeo con una sola abolladura”. Están en la cocina, coloreada en tonos azules y cafés, que dan una sensación de ensueño a la escena.

Página interior del libro

Los libros de la gran sala de la exposición están ilustrados de forma genérica con letras que no corresponden a ningún alfabeto real. Cuando los hermanos regresan a casa, incluso sus sueños y sus propios libros se replican con las fantasías derivadas de su visita a la sala llena de libros. En ese gran edificio encuentran alimento para sus mentes y su espíritu. Montones de libros les traen a la memoria tiempos felices y los hermanos se sumergen en ellos. 

Este cuento es una excelente manera de introducir a los niños en la vida de una persona amante de los libros, que se dedicó al desarrollo emocional e intelectual de los pequeños lectores. Publicado por Editorial Juventud y traducido por Susana Tornero, este es un relato que nos demuestra la empatía, la inspiración y todo el poder que tienen los libros.

Las imágenes del libro y fotografía de Jella Lepman son de Editorial Juventud.

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Daniela Angelini A., Licenciada en Lengua y Literatura Inglesa y Máster en Literatura Infantil y Juvenil, es colaboradora de Fundación Palabra.

Si quieres saber más de Jella Lepman, te invitamos a leer su autobiografía Un puente de libros infantiles (Jella Lepman, Creotz Ediciones, 2017).

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