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El Mundo

Maternidad(es)

Representaciones en la LIJ

Valentina Rivera B.

El pasado domingo 8 de mayo celebramos internacionalmente el día de la Madre, y desde Fundación Palabra quisimos detenernos en las distintas maneras de llamarle . Y es que hay tantas madres como palabras para referirnos a ellas. Este día conmemorativo realza la figura de todas aquellas mujeres que han criado y cuidado, que han transitado ese desafiante camino de maternar con todo lo que ello implica.

Frecuentemente se habla de los bellos hitos propios de la maternidad, desde el embarazo y el parto hasta todos los estadios que comprende la infancia. Aun cuando todo esto supone su particular significancia, es urgente comenzar a abrir los espacios de discusión hacia las maternidades en su completitud, así como también a las distintas maneras existentes de maternar. En ese sentido, encontramos en los libros infantiles un nicho particularmente simbólico que promueve esa discusión, y es por ello que hemos querido indagar en las representaciones de maternidad(es) presentes en la LIJ.

Desde los estudios académicos literarios ya se han realizado algunos estudios centrados en esto, aunque principalmente desde una perspectiva anglosajona, lo que nos lleva además a reflexionar sobre la culturalidad en las maternidades.

¿Existirá acaso una maternidad intrínsecamente latinoamericana, por ejemplo? No es el propósito de este artículo indagar en esa pregunta, pero la incluimos para reforzar la idea de que la figura universal de madre está siendo complejizada, tal como lo demuestran los libros y las indagaciones académicas.

Las investigadoras Lisa Rowe Faustino y Karen Coats editaron en el 2016 el libro Madres en la literatura infantil y juvenil. Desde el siglo XVIII hasta el posfeminismo en donde sondean el tema, tomando una perspectiva histórica, incluyendo así artículos sobre la pedagogía en la maternidad, el romanticismo alrededor de ella, minorías, madres postfeministas e incluso la inclusión de animales madres en libros para niñas y niños. Las autoras toman una postura muy crítica frente a lo que históricamente ha significado ser madre, tal como lo mencionan firmemente en la introducción:

“Ya sea vivas o muertas, presentes o  ausentes, disfuncionales o  felizmente  suficientes, la figura de la madre porta un enorme peso en la vida emocional e intelectual del niño (…) Su representación en la literatura infantil es frecuentemente caricaturesca” puesto que “la madre discursiva es a menudo estática y plana”.

(Rowe & Coats, 2016)

En efecto, si pensamos en cualquier texto de los comienzos o de la época dorada de la LIJ, es completamente comprobable la figura de una madre que no presenta cambios en las historias ni peso narrativo, más allá de ser un personaje didáctico y moralista. Anthony Browne ilustra esta figura a la perfección en su famosísimo Libro de los cerdos por medio de una madre que cumple con ese rol ideal y pasivo, ofreciendo al final un vuelco y dejando entrever que su texto es más bien una parodia y crítica que muestra lo absurdo que puede llegar a ser esta percepción.

Páginas internas de El libro de los cerdos
Anthony Browne

La buena noticia es que esa representación es cada vez más escasa, dejando libre el podio a distintas imágenes maternales mucho más auténticas y reales que están lejos de perpetuar esas exigencias. Adicionalmente, son cada vez más también las historias que incluyen las voces de niños y niñas en relación a sus madres, lo que nos recuerda a su vez que en el ‘circuito’ de la maternidad existe un otro (y que, de hecho, sucede a causa de ese otro), cuya voz y experiencia es igual de relevante.

La producción de libros para infancias tiene demasiados ejemplos de relaciones madre e hijos; de hecho, es probablemente uno de los temas más recurrentes y que comercialmente tiene un gran impacto. La representación más común es aquella muestra una relación maternofilial sana y cariñosa. Es curioso que muchas de estas representaciones se realizan por medio de animales, siendo muchos de estos libros los “favoritos” de los lectores. Decimos “favoritos”, entre comillas, pues es difícil rastrear si son efectivamente los pequeños lectores quienes preferentemente escogen estos libros o sus mediadores. De cualquier manera, hay títulos que no abandonan las estanterías, como lo son Adivina cuánto te quiero de Sam McBratney, Nosotros de Paloma Valdivia, Cuentos de mamá osa de Kitty Crowther Choco encuentra una mamá de Keiko Kasza. Todos estos ejemplos transmiten la ternura y el amor incondicional que una madre puede poseer. En el caso de Choco encuentra una mamá, eso sí, se visualiza a una madre que acoge libremente (¿adopta, quizás?) y que no le teme a las diferencias que pueda encontrar. Lo más importante es el amor que siente por su nuevo hijo.

Hay otros más informativos, como Cachorros de Berta Hiriart y Adriana Quezada, un libro sobre el nacimiento de distintos mamíferos en donde el rol de las madres es por supuesto relevado, destacando sus maneras de parir y relacionarse con sus recién nacidos.

Por otra parte, hay madres que son representadas de maneras más problemáticas o derechamente negligentes, como la mamá de Matilda en el reconocido libro de Roald Dahl. Allí vemos a una madre que no se interesa por su hija en lo absoluto y no atiende a su interés por la lectura o la educación. En el texto aparece como una exageración, pero, lo queramos o no, y como ya lo mencionaban las académicas Rowe y Coats, madres también las hay disfuncionales.

Otro ejemplo de una madre alejada de ese rol idílico que ha predominado en la LIJ es la mamá de Camila en El globo (Isol, 2002), una madre que literalmente explota ante su enojo. Lo que hace interesante a este texto es que su final es lo suficientemente abierto para intentar comprender lo que sucede con ella y también lo que Camila percibe, el otro aspecto relevante de este libro: está narrado visualmente desde la perspectiva de la hija.

Página interior de El globo, Isol

En la misma línea de mostrar temas más complejos, aparecen ejemplos que lidian con el luto o la enfermedad de una madre. En La cicatriz (Charlotte Moundlic, 2011) un niño nos narra los momentos desde que supo que su madre había fallecido hasta que pudo comprender lo que esto significaba. Las imágenes y el texto muestran cómo el niño transita la confusión, rabia, angustia, tristeza y soledad. También se percibe el duelo del padre, quien producto de su propio luto no tiene la capacidad de cumplir su rol en solitario. Hacia el final del libro la abuela cumple un rol muy importante de contención, lo que a su vez nos recuerda el lugar que ocupan muchas veces las abuelas en las infancias, mostrando otra manera de maternar.

Páginas internas de La cicatriz
Charlotte Moundlic

Un ejemplo de novela juvenil es Un monstruo viene a verme (Patrick Ness, 2011). Conor es un joven que enfrenta la enfermedad terminal de su madre, la única persona con quien vive y quien está a cargo de su crianza. La novela tuvo tal impacto y éxito – tanto comercial como desde la crítica – que obtuvo la prestigiosa medalla Carnegie y es uno de los más recomendados entre los bookstagrammers juveniles. Esto por supuesto puede significar que la narración y su estilo son en sí mismos cautivantes, pero nos atrevemos a intuir también que parte de su atractivo es explorar situaciones poco indagadas en la LIJ, aunque eso ha estado cambiando. Ambos ejemplos citados presentan un vuelco a la representación de la madre incondicional: aquí está la madre que ya no puede serlo y que se ausenta para siempre. Pero también está la situación a la inversa, es decir, la madre que sufre la pérdida de un hijo, como vemos en La madre y la muerte (Alberto Laiseca y Nicolás Arispe, 2016) una reinterpretación de un cuento de Hans Christian Andersen en donde la Muerte le arrebata su hijo a la Madre. Ella debe cruzar distintos pasajes para encontrarse con la Muerte y pedirle que le devuelva a su hijo.

El último tipo de representación de maternidad que hemos seleccionado es aquel que sinceramente desmitifica la perfección de este camino y ofrece algo de honestidad, mostrando las dificultades y desafíos que madres (y toda persona que crie) enfrentan. El primer ejemplo es un clásico de la primera infancia que lleva más de tres décadas en circulación: Cinco minutos de paz, de Jill Murphy (1986). Este es un libro álbum simple en su formato que retrata una situación cotidiana y recurrente de las madres. La protagonista elefanta clama por unos cinco minutos de silencio y calma, alejada de sus pequeños elefantes. Las imágenes muestran cómo trata de disfrutar un baño de tina por cinco minutos sin poder lograrlo, ya que sus elefantitos la interrumpen constantemente. Claramente no se trata de una madre que no quiere a sus hijos o que quiere apartarse de ellos para siempre, sino de una madre común y corriente que necesita sus cinco minutos de paz para reponerse.

Con una cuota similar de humor y ternura, Isol retrata en El Menino (2015) la llegada del nuevo integrante de la familia, quien es examinado con curiosidad por sus padres, los que a su vez tratan de comprender cómo ‘‘funciona’’ el menino. Con el estilo visual característico de Isol, las imágenes muestran de manera muy informativa a la vez que creativa cómo el menino se alimenta, qué es lo que lo hace llorar, la relación con su madre y su lenguaje característico. Sin romantizar la llegada de un nuevo miembro a la familia, El Menino hace uso de mecanismos cómicos para representar una periodo que puede ser arduo tanto como para las madres como para los recién llegados.

De manera similar, Una mamá es como una casa (Aurore Petit, 2019) y Contigo (Pauline Delabroy-Allard, 2019) ofrecen una imagen maternal aterrizada con distintos matices. Muestran a madres cansadas por el peso del trabajo, queriendo tener sus cinco minutos de paz, o sufriendo angustia ante las enfermedades de los hijos. Una mamá es como una casa utiliza la misma frase para cada página e ilustración, solo que enumera todas las otras formas que una madre puede tomar: una mamá es como un caramelo, como una isla, una melodía, una historia, y un remedio. Efectivamente, las relaciones maternofiliales tienen distintos grados de intimidad y codependencia, los que pueden dejar exhausta a la madre como también tranquilizarla (mantener al niño/a seguro/a, entregarles contención y cuidado).

Contigo retrata también todo esto, pero tiene también la particularidad de presentar una dualidad en sus relatos: por un lado tenemos la voz de la madre, y por otro la de la niña. Ambas voces nos llevan hacia sus cotidianidades, lo que percibe la niña de su madre y  viceversa; las fidelidades, la admiración, el cariño y también las diferencias y discrepancias.

Finalmente, un ejemplo de un momento de la maternidad que en la LIJ se ha explorado escasamente: el hijo que crece. Mi Pequeño de Germano Zullo y Albertine (2016), libro premiado con el Bologna Ragazzi Award en ese mismo año, es texto emotivo que muestra el cuidado de una madre hacia su hijo y cómo paulatinamente estos roles se  invierten, puesto que  en la medida que ella envejece y el hijo crece, es él quien luego sostiene a su madre en sus manos. Mi Pequeño muestra la incondicionalidad del amor madre-hijo e hijo-madre, una relación que se va cultivando y que se desarrolla, teniendo como figuras centrales las del regazo y de los brazos. Madres e hijos se sostienen desde que comienza la vida, hasta que esa vida crece y se expande.

Según la LIJ, entonces, madres las hay tiernas, maternales, chillonas, difíciles, terribles, disparatadas, sensibles, cansadas, superadas, con sentido del humor. Es totalmente comprensible que sea la relación más explorada en estos textos, ya que es usualmente la madre la primera figura con quien el pequeño lector tiene un encuentro íntimo. Ella también ha estado históricamente ligada al momento de la lectura en voz alta, y por ende al mundo de los libros y las palabras.

Ser madre significa muchas cosas, tal como los libros lo demuestran; una casa grande, un globo, una historia que se sigue contando.

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Valentina Rivera B., Licenciada en Letras Inglesas, Profesora de Inglés, y Máster en Children’s Literature and Literacies, es colaboradora de Fundación Palabra.

… son cada vez más las historias que incluyen las voces de niños y niñas en relación a sus madres, lo que nos recuerda a su vez que en el ‘circuito’ de la maternidad existe un otro (y que, de hecho, sucede a causa de ese otro), cuya voz y experiencia es igual de relevante.

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