EL MUNDO MIRA A

CHILE

Luis Toledo y Freddy Yañez

Nuevas generaciones de chinchineros rinden tributo al patrimonio

María José Hess

Conocido como El Pepa, Patricio Toledo fue un chinchinero de gran trayectoria que dejó su huella en las calles y múltiples localidades de Chile y del mundo. Subió también el chinchín a grandes escenarios, compartiendo con artistas como Joe Vasconscellos y Manu Chao. Tan mítico que la Chinchicumbia lanzó “Girando como El Pepa” como una forma de rendirle homenaje. 

Se cuenta que El Pepa desarrolló gran técnica en su toque y es recordado en el mundo musical como una persona generosa, talentosa, transgresora y, especialmente, como un gran chinchinero. Para conocer un poco más de su historia y cómo contagió a nuevas generaciones, Fundación Palabra conversó con dos chinchineros que se inspiran, hacen propio y difunden este legado. 

Herencia de cultor

Luis Toledo, hijo de Patricio, es también conocido en el circuito como Chipilín. 

Yo nací con el chinchín, me crié con él. Empecé muy pequeño, cuando tenía un año y medio, así que llevo mucho tiempo tocando y recorriendo de pueblo en pueblo, en el sur y en el norte, conozco San Felipe, Rancagua, Los Ángeles, Ancud. Me gusta mucho Pucón y Villarrica por su naturaleza, es hermoso. He ido de gira a otros países, estuve en Francia con mi papá.

El chinchinero que anda con organillero, se va para las poblaciones, donde hay niños. Y está el chinchinero que anda solo, como yo. Siempre ando pendiente de las fiestas religiosas, las vendimias, allí llego yo.  

¿Cómo llegó a tu familia?

Mi abuelo y Fabiola, una amiga suya, trajeron el chinchín desde Valparaíso a Cerrillos, Fabiola era de circo. Eso fue hace muchos años y ahí aprendió mi papá, que tenía como dos o tres años. 

Mi papá tenía una escuela, una comparsa, la Escuela Carnavalera Chin Chin Tirapié. Él daba clases ahí, a universitarios, a nuevos chinchineros que no son de las familias de cultores tradicionales. Hay cuatro familias de tradición en esto, los Saavedra, los Lizana, los Aravena y los Toledo. 

¿Qué significa el chinchín en tu familia?

Para mí el chinchín no es una fuente de trabajo. Muchos lo miran así, como una fuente de trabajo, pero el chinchín para mí tiene un valor sentimental, es lo que me entregó mi papá, mi compañero. Mi papá me dejó la tradición, el oficio. Él era querido por ser un excelente músico, pero la gente lo quería especialmente por su caminar, por su humildad. Yo soy agradecido de eso, sé quién soy, de dónde vengo. Lo mejor que me dejó mi papá es no ser prepotente y creerme más que otro. Mi papá me enseñó a respetar a todos los músicos por igual.

¿Qué palabra nos regalas? 

Pasión. Eso para mí es el chinchín, me hace feliz. 

Una herencia que se comparte

Entre los “neochinchineros” que aprendieron con El Pepa en la Chin Chin Tirapié, se encuentra Freddy Yañez.  

¿Desde dónde te acercaste al chinchín?

Yo toco la batería desde chico, en mi casa crecimos haciendo música, pero cuando chico me gustaba el funk, el rock, uno estaba siempre mirando la música de otros países, de Estados Unidos, súper gringo. Y me hacía ruido eso.

Y una vez tuve un taller con la Banda Conmoción y poco a poco me fui acercando a lo latinoamericano. Yo quería trabajar en cooperación internacional y pensé cuándo me pregunten qué tocan en tu país, ahí pensé en la percusión chilena portable. 

Estaba en INFOCAP y para una conmemoración de 1 de mayo invitaron a unos chinchineros, con baile, tenían puesta en escena. Así fue naciendo mi interés inicial. 

¿Aprendiste viendo?

Me acerqué a un chinchinero y me contó que había una escuela gratis en la Usach, “anda y ensaya”, me dijo. Era una comparsa enorme, la Escuela Carnavalera Chin Chin Tirapié, con banda, chinchineros, bailarinas. Eso me cambió mucho la mirada, sentirse parte de algo tan grande que hay ahí, sentir la energía de tomarse así la calle, con carnaval.

Ahí conocí al mítico Pepa, él nos enseñó, nos ponía sobrenombres, a mí me puso Sonrisas, a otro lo llamaba Ricky Martin porque tenía los ojos claritos. Me empezó a invitar a tocar con él en la calle, para los años nuevos llegábamos hasta la torre Entel. Ahí también uno ve todo lo que hay detrás, no todo es romántico. Lo real es que los hijos chicos de los chinchineros como cualquier niño se cansan, se quieren ir a la casa a jugar play, y va el chinchinero con ellos tocando.  

¿Qué es para ti hoy el chinchín?

Es mi mochila. Es mi maleta desde 2009. Donde voy, va conmigo. En Haití trabajé en construcción y había otro chico que tocaba el saxofón, salíamos juntos a la calle a tocar. Conocí allí a un músico chileno y me llevó a República Dominicana a tocar y así. 

En 2018 me fui a hacer una residencia artística en Francia con una compañía grande, Cie Transe Express. Allí me comentaban lo que le llamaba la atención de este instrumento que uno no ve, a diferencia de los otros, como la batería, el cello, o la guitarra, el chinchín se toca hacia atrás. 

Cuando andas con el chinchín se te pega la gente, eres alguien más cercano, abre puertas hermosas. Trabajas en la calle y conoces a otros músicos, a feriantes, a quienes hacen circo. Y si anda por ahí un chileno, te lo encuentras. 

Freddy Yañez, ilustrado.

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María José Hess Paz

Periodista y Magíster en Estudios de Desarrollo. Más de 15 años
de experiencia movilizando proyectos de desarrollo sostenible, ideas y contenidos.

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