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El Mundo

Pérdidas y encuentros en la LIJ

Una reflexión

Valentina Rivera B.

Es posible establecer con confianza que atrás quedaron los días en donde la literatura infantil era percibida como un espacio exclusivo para cuentos idílicos, personajes valerosos y finales felices. En las últimas décadas ha existido no solo un cambio en los temas abordados en libros para niños, sino también en el paradigma de la infancia.

Es cierto que esto se ha llevado a cabo siempre, en congruencia con los distintos periodos de la historia que hemos atravesado; sin embargo, lo que hace este momento tan particular es la variedad de textos, formatos, temas y voces con la que nos enfrentamos. Dentro de este abanico de temas diversos se encuentran aquellos que evocan en el lector una sensación de desequilibrio, o como diría Fanuel Hanán Díaz, son ‘‘lecturas escabrosas y desestabilizadoras’’.

Ese tipo de lecturas lidian con temas difíciles que van desde la muerte de un ser querido a la violación y abuso sexual. Si bien estos han estado presente en los cuentos de hadas, su trato y función han evolucionado, contando ahora con más herramientas estéticas y narrativas para lidiar con los temas de una manera apropiada.

En el año 2015, la académica británica Janet Evans publicó el libro Challenging and Controversial Picturebooks (Libros álbum desafiantes y controversiales) en donde estima que los libros álbum en particular invitan a esta reflexión producto de su dualidad de códigos (texto-imagen). Allí también establece que estos temas sensibles deben estar disponibles para todas las edades, considerando que no es suficiente con solo leer estos libros, sino procurar hablar sobre ellos.

En efecto, los libros por sí solos poseen sus límites, sobre todo cuando lidian con experiencias complejas que no siempre son del todo comprensibles, incluso para los adultos. Ahora bien, el privar a los niños de la oportunidad de leer sobre temas confusos o dolorosos (como los que en la vida real podrían estar experimentando) puede convertir a la literatura en un asunto irrelevante para ellos, además de contribuir al aislamiento y a la falta de herramientas para expresar sus emociones.

De ahí que surja la necesidad de abordar esas conversaciones, entendiendo la necesidad de acompañar a niños y niñas en la aceptación de temas difíciles.

En este contexto, viene a mi mente una cita del escritor Neil Gaiman, autor de Coraline (un libro que según los criterios de Hanán Díaz es sin duda perturbador). Gaiman menciona:

‘‘si eres protegido de cosas oscuras, entonces no tienes ninguna protección, conocimiento o entendimiento de cosas oscuras cuando estas aparezcan’’ (2006).

Gaiman, quien en su obra demuestra un interés por lo oscuro, hace hincapié en una tensión esencial: las aprensiones adultas en torno a los temas difíciles, lo que muchas veces lleva a que sean los mismos padres y profesores quienes censuren este tipo de libros. Aquí queremos dar algunas pistas sobre cómo ciertos títulos pueden facilitar esa conversación, pero específicamente en relación a los temas que generan más recelo: la pérdida y la muerte.

Por un lado, la muerte es fácil de definir, aun cuando se trate de un ser cercano, una mascota o alguien desconocido. Por otro lado, aunque más difícil de delimitar, hemos querido incluir el tema de la pérdida, puesto que engloba otras grandes temáticas y porque no toda pérdida involucra una muerte.

Pérdidas en la LIJ

Si bien usualmente se utilizan los términos pérdida y muerte de manera intercambiable, hemos querido adoptar un sentido mucho más amplio de pérdida. Cualquier tipo de pérdida significativa puede conllevar emociones y sensaciones difíciles de procesar. Cuando hablamos de pérdida nos referimos a la ausencia de algo previamente presente o la falta de, lo que puede generar tristeza, nostalgia y confusión. El filósofo húngaro Georg Lukacs consideraba que una pérdida puede producir esperanza o desesperación, y los textos que recomendaremos a continuación tienen algo de ambos.

La pérdida sin muerte de por medio

La vida sin Santi
Los días felices

En La Vida sin Santi (Maturana & Olea, 2014) y Los días felices (Cormand, 2018) se exploran amistades que se diluyen debido a la partida de uno de los amigos. En el primer libro mencionado, Santi se va de la ciudad puesto que su padre ha encontrado un nuevo trabajo. En el segundo ejemplo, Jacob también se va de la ciudad aunque no revelan los motivos.

En los dos casos, los niños que deben enfrentar la ausencia de sus amigos expresan, ya sea de manera visual o textual, la angustia y tristeza que esto les produce. La mayor parte del libro se desenvuelve en mostrar esa ausencia y cómo la viven los personajes.

Por un lado está Maia, la amiga de Santi, quien expresa que siente un ‘‘gran espacio vacío’’ que la sigue a todas partes. Por otro lado, el amigo de Jacob menciona que ‘‘sentía un nudo en el estómago’’ y que se pasa la noche ‘‘soñando que jugaba con él’’. La ausencia de sus amigos finalmente se traduce en un periodo de mucha reflexión, pero también imaginación.

Ambos libros ofrecen un final esperanzador y hasta alegre, reforzando la idea de que estas emociones difíciles pueden no durar para siempre, pero resaltan la importancia de entregarles su espacio y tiempo.

Pérdida Simbólica

Hay algunos libros que se han popularizado bastante desde su publicación, como Perdido y encontrado (200) de Oliver Jeffers. En un nivel superficial, la historia trata de un pingüino perdido que es encontrado por un niño, con quien termina formando una amistad. El libro que en su título lleva la palabra perdido puede tomarse también como una historia sobre la falta de amigos o la falta de pertenencia, que es lo que fuertemente afecta al pingüino, quien no recuerda su procedencia ni expresa claramente su identidad.

Portada y página interior de Perdido y encontrado

Otro texto que aborda la pérdida de manera explícita y concreta es el libro álbum La cosa perdida (2000) del galardonado escritor e ilustrador Shaun Tan, quien frecuentemente explora en su trabajo la pertenencia e identidad. La cosa perdida nos muestra a un narrador que descubre un ser misterioso y grande, el que tiene la apariencia de una máquina pero posee conductas humanas. Esta cosa como se le nombra, es un ser que no logra ser clasificado y, por tanto, se siente perdido y alienado.

Algunos críticos han hecho  un análisis de la obra del australiano y han comentado que incluso puede leerse como un comentario sobre la manera en que el país del autor ha tratado a migrantes refugiados y a las comunidades aborígenes. Otras lecturas más optimistas pueden focalizarse en el final esperanzador del libro: la cosa perdida logra llegar a  un lugar donde viven muchas cosas perdidas.

Por cierto que no es posible permitir una lectura única, pero lo que queda claro es las posibilidades que el texto entrega para hablar sobre nociones más filosóficas o existencialistas en torno a la pérdida, que incluyen la falta de una comunidad y la ausencia de la conexión con otros.

La pérdida como parte integrada en un ciclo

Lo que la vida te enseña

En esta tercera categoría me gustaría destacar aquellos relatos que lidian con pérdidas, con angustias y con alegrías y tranquilidad por igual. Son aquellos libros que ofrecen balance, aunque tal vez sin quererlo, entre eventos difíciles pero ineludibles, y eventos que sopesan esas emociones.

En 100 años. Lo que la vida te enseña (Faller & Vidali, 2018) cada página avanza del 1 al 100, considerando que los números representan la edad de un ser humano. Así, el narrador interpela directamente al lector con frases como ‘‘cada vez tienes más confianza en ti mismo’’ a los 8 años, o ‘‘qué estresante se ha vuelto tu vida’’ a los 41. Las ilustraciones son simples y muestran a todo tipo de personas y objetos, haciendo un recorrido por la vida humana y sus sensibilidades.

El libro menciona el primer amor, la diversión con amigos y la relación con la naturaleza, pero le da la misma cabida al desamor, la distancia entre personas, la muerte de un ser querido, la pérdida de la infancia y juventud, y la melancolía del paso del tiempo. Es un texto que no evade los momentos tristes y los incorpora junto con los momentos felices. Lo que hace aún más interesante a este libro es que la autora entrevistó a personas de distintas edades y fueron estas respuestas las frases incluidas en el libro.

Portada y página interior de Estaciones

Similarmente existe Seasons (Estaciones) de Blexbolex, el artista visual francés. Aunque es menos explícito o directo en lo textual, lo visual apoya fuertemente el significado que se le busca dar a cada página. En aproximadamente 200 ilustraciones, el texto resalta palabras como primavera, semilla, felicidad, deseo, basura, encontrar, tristeza, siesta. Lo hace usando las estaciones del año como ejes organizadores, ilustrando el ciclo por el que atraviesa la naturaleza para llegar del otoño al verano, cómo las hojas viejas deben abandonar las copas de los árboles para dar paso a lo nuevo.

De vez en cuando aparecen en las páginas ilustraciones de seres humanos, quienes evocan distintas emociones dependiendo de la temporada en la que se encuentren. Así, un niño saltando en los charcos de agua después de la lluvia representa diversión, o una pareja caminando bajo un sol naranjo representan la palabra aventura.

La muerte en la LIJ

La muerte como tema literario de investigación no es algo nuevo. Uno de los autores en español – y centrado en libros hispanoamericanos – que más ha indagado sobre el tema es Javier Arnal Gil, quien la exploró en su obra integral El tratamiento de la muerte en el álbum infantil. Obras publicadas en castellano (1980-2008).

En un trabajo más acotado,Estrategias para desmitificar la muerte a través del álbum y el libro ilustrado infantil (2014), Arnal Gil junto a otros investigadores tipificaron la representación de la muerte en 57 álbumes y libros ilustrados infantiles. El análisis les permitió desarrollar 12 categorías, las que incluyen la muerte como acontecimiento necesario para la vida, la muerte personificada y amiga, la muerte como liberación para el que sufre, la muerte en segundo plano y tratada con humor, sin implicación emocional, la muerte no es sinónimo de final, entre otras.

Recientemente se publicó un texto enfocado específicamente en la literatura infantil chilena, ¿A dónde van los que mueren?  (2022), desarrollado por Maili Ow (Educación UC) y Mario Inzulza González (Teología UC), el cual es una propuesta para conversar sobre la muerte con niños y niñas a través de literatura infantil y textos bíblicos. Este texto nace de la imbricación entre las nociones de espiritualidad y religión que supone pensar sobre la muerte.

Portada ¿A dónde van los que mueren?

Tal como se indica en el título, el texto no es tanto un manual ni un catálogo sino una propuesta para abordar este tema utilizando los libros como facilitadores. El libro comienza con una aproximación al tema de la muerte e indaga en preguntas como ¿por qué nos cuesta a los adultos hablar de la muerte? Y ¿cómo entienden la muerte los niños?

Posteriormente, se centra exclusivamente en la conversación sobre el tema con los niños y busca aclarar quiénes deben estar involucrados en la conversación, qué se debería hablar y hasta dónde hacerlos partícipes. Estas elaboraciones están informadas por la teología y filosofía, buscando así entregarle un sentido más profundo a la muerte y, tal como el libro lo indica, más importantemente a la vida misma. Finalmente, el texto entrega reflexiones sobre la literatura en su capacidad de generar empatía, conversación y contemplación. Los autores entregan recomendaciones de textos publicados en Chile que tratan el tema, junto con textos bíblicos del Nuevo Testamento. El libro da cuenta de la creencia de que ambos tipos de textos pueden participar en la discusión cuando hay una mediación y una conversación de por medio.

Al respecto, Maili Ow comenta que uno de los hallazgos más relevantes es haber evidenciado que para posicionar el tema con los niños y tener una conversación significativa, los adultos deben hacer una reflexión previa:

‘‘es un tema que nos da miedo y a veces lo esquivamos, pero la pregunta inicia un proceso de reflexión para los mediadores que conduce a un diálogo con niños y niñas’’.

Ow reconoce la dificultad que supone conversar esto con niños pequeños, y considera primordial transparentar que para esta gran pregunta no se tienen respuestas, pero lo importante es conversar y compartir ideas en el camino. En medio de nuestra conversación Ow se hace la pregunta: ‘‘¿cómo le explicas eso a un niño de 6 o 7 años?’’, y es quizás esta pregunta la que la ha motivado a estudiar la muerte en la LIJ rigurosamente desde hace varios años. De hecho, este proyecto nació en el 2017, y fue luego de una extensa investigación literaria que Maili Ow dio con Mario Inzulza, quien aportó con su formación teológica para elaborar el tema desde el punto de vista espiritual.

Al ser la muerte un tema tabú, requiere especial sensibilidad explorarla, y reflexiona que aún hay un campo inexplorado de estudios y temáticas por abordar. Por ejemplo, menciona el suicidio como ‘‘el tabú de los tabúes’’, no solo por ser algo delicado de entender y explicar, sino también porque existe muy poca oferta literaria al respecto.

Este trabajo que comenzó hace 5 años tiene proyecciones de expandirse; Ow comenta que ha llevado estos libros a niños para observar sus respuestas lectoras y también está trabajando en una propuesta para jóvenes. Con respecto al trabajo con los lectores, la académica establece que esto le ha permitido advertir, por un lado, la necesidad de conversar sobre la muerte directamente con los niños, y por otro lado de la mediación necesaria para ello. Además, comenta que en estas investigaciones ha podido presenciar el interés que niñas y niños tienen para abordar el tema: les genera curiosidad, tienen muchas preguntas y quieren conversar al respecto.

La muerte como tema literario y como suceso cúlmine de toda vida es totalmente inevitable. Es cierto que ante un tema tan incomprensible los libros no podrían tener respuestas absolutas, pero son catalizadores sensibles y estéticos que facilitan esa conversación, al mismo tiempo que presentan distintas maneras de concebirla. A veces la representación de la muerte es amistosa como en El Pato y la Muerte (Wolf Erlburch, 2007), otras es silenciosa y tácita como en La Tristeza de las Cosas (María José Ferrada, 2017), y es esa variedad la que nos permite iniciar nuestra propia reflexión para luego compartirla con otros.

Referencias:

Arnal, J. (2011). El tratamiento de la muerte en el álbum infantil. Obras publicadas en castellano (1980-2008) (tesis doctoral). Disponible aquí.

Arnal, J., Etxariz, X., López, J. (2014). Estrategias para desmitificar la muerte a través del álbum y el   libro ilustrado infantil tratamiento de la muerte en el álbum infantil. Disponible aquí.

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Valentina Rivera B., Licenciada en Letras Inglesas, Profesora de Inglés, y Máster en Children’s Literature and Literacies, es colaboradora de Fundación Palabra.

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