EL MUNDO MIRA A

CHILE

Yo, mediador(a), un espacio de encuentro

Comentario de libros

Ludy Sanabria

Yo, mediador(a). Mediación y formación de lectores
Felipe Munita Jordán
Editorial Octaedro, España

En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, husmean otras miradas, no se detienen.

Las ciudades invisibles, Italo Calvino

Me pondré primero, como diría Munita, los lentes de lectora para señalar que Yo, mediador (a), constituyó para mí un espacio de encuentro: encuentro con mi trayectoria personal como lectora por un lado, al permitirme reconstruir las experiencias que marcaron mi propio acceso al mundo de la cultura escrita; y encuentro  con mi proceso formativo como mediadora de lectura por otro, camino de exploración, lleno de preguntas, problemáticas y desafíos, en el que sin temor a equivocarme, este libro llega para guiar, orientar -y acompañar-  a otros en un viaje que muchos hemos hecho en solitario y a tientas.

Rescataré tres metáforas (propuestas por el autor) como una suerte de itinerario para mi presentación:

Primera metáfora:
Puentes

“La mediación es ante todo voluntad, una voluntad de abrir caminos, de construir puentes, de establecer lazos allá donde no existen”, cita Munita en su libro de la Carta-manifiesto del Centre National de la Mediation, en Francia. Esta metáfora a través de la cual el libro nos invita a pensar y redefinir el rol del formador de lectura en la escuela me parece particularmente significativa en dos sentidos. Primero, por la imagen de encuentro y conexión que esta evoca. Pues, nos dice Munita, “la lectura es, ante todo, una cuestión de encuentros”. La tarea del mediador de lectura literaria queda entonces definida por su papel en este encuentro: el de acercar y permitir un diálogo personal e intersubjetivo que dé lugar a las voces del aula para implicarse en un proceso de apropiación del universo de lo escrito. Y segundo, porque advierte la necesidad de un andamiaje entre dos puntos para posibilitar este encuentro: a un extremo, la particularidad del texto literario, con su arquitectura y estética de mecanismos de funcionamiento interno, y al otro, la dimensión afectiva y el horizonte de construcción de sentido individual y colectivo, entre los cuales es preciso tender, desplegar “instrumentos mediadores”, dispositivos didácticos capaces de hacer surgir una verdadera experiencia del placer lector, aquel deviene del saberse cómplice de los mecanismos internos de un texto. 

Así, la primera parada de este itinerario nos lleva a imaginar, a tender puentes, puentes entre el lector y el texto, entre el lector y otros textos, y el texto y otros textos, nos dice el autor. Puentes para aprender y enseñar a mirar -y mirarnos-, pero sobre todo puentes para acercarnos. 

Segunda metáfora:
Abanicos 

“En un abanico existen una serie de varillas independientes pero articuladas entre sí, que cuando se despliegan suelen formar un hermoso diseño cuya belleza solo es posible gracias a la suma de sus partes. Del mismo modo, la mediación de lectura de la escuela precisa de múltiples «varillas», cada una de ellas enfocada hacia objetivos diferentes, pero cuya suma hará  surgir un cuadro general que, tal vez, nos sorprenda y cautive por su belleza” (p. 137).

Bajo esta imagen, no exenta de poesía, que además surge en compañía del coro de distintas voces de mediadoras de aula recogidas por el autor, el libro ofrece un abanico de modelos de prácticas mediadoras orientadas a enriquecer el tipo de experiencias propuestas en la primera parada del itinerario. Estableciendo como base de este abanico la premisa de que “los buenos libros enseñan a leer”, los dispositivos de lectura propuestos en Yo mediador(a), -modelados y sistematizados alrededor de preguntas y objetivos acorde a la potencialidad y particularidad de la obra y el tipo de experiencia a mediar- nos ofrecen una guía de estrategias concretas para diversificar y ampliar el corpus de lectura en el aula. Así como también, una hoja de ruta para el diseño y la planificación de prácticas posibles tanto para formación de saberes literarios conducentes a la valoración estética de obras resistentes y complejas semánticamente, como para la ejercitación del diálogo y la construcción de espacios de interacción y socialización entre lectores.

La memoria de lectura, la guinda de torta, la recomendación entre pares, los menús temáticos, las citas literarias, las prácticas de manipulación poética, el álbum de citas, son algunas de las propuestas que a través de ejemplos concretos logran aterrizar lo que en otros trabajos se queda apenas en la teoría, proyectando sobre el plano de la realidad un espacio diverso para expandir las líneas de actuación de la mediación en el aula. 

La segunda parada de este itinerario contempla, a mi modo de ver,  un desafío, el de la destreza que supone sostener con acierto y gracia un abanico. En este sentido, la discusión literaria como síntesis e integración de algunos de los objetivos de las prácticas señaladas, traza uno de los mecanismos que – al menos desde mi práctica y experiencia como mediadora- puedo decir que constituye uno de los más fértiles y eficaces para la educación literaria y a través del cual se facilita la apertura y exploración de otros dispositivos.

Tercera metáfora:
Arquitecturas

Llegamos al final del itinerario -no sin antes advertir que el viaje a través de la Mediación propuesto por Munita-, hace un especial hincapié en la tarea de la mediación literaria en el contexto escolar desde un enfoque muy particular que brinda coherencia a las metáforas aquí presentadas. Se trata de un enfoque estético que aborda el problema de la interpretación del texto literario -ya no desde una mirada temática- que saca a las obras de la particularidad de su lenguaje, su composición, sino desde la riqueza misma de su funcionamiento interno. Articulado a través de una de una propuesta didáctica, este enfoque deja entrever una misión concreta, la de devolver a la literatura su configuración natural y esencial de proyecto estético creado. La metáfora de la arquitectura de la obra cobra especial sentido para entender aquí qué tipo de puentes es preciso tender, y bajo qué criterios concretos contemplar el abanico de dispositivos a desplegar para finalmente lograr consumar encuentros, seducciones e imaginar ciudadanías con una plena participación y goce de la literatura. 

A modo de cierre:
Redes

A lo largo del año 2021 Munita invitó a un grupo de docentes a pensar, reflexionar e imaginar la poesía en el aula. Me gustaría decir que de esas sesiones salieron más que buenas propuestas, pues pensar colectivamente dispositivos, estrategias, secuencias, nos devolvió lo que para mí se trata de una imagen fundamental para concebir el ejercicio y desafío de la mediación, construir con otros, nutrirse de otras miradas, enfoques. El seminario me permitió experimentar el potencial de las REDES de mediadores para acompañarnos y hacer de la mediación un espacio que creo que este libro ayuda a proyectar bastante bien: el de pensar y construir con otros.

Agradecemos a Ludy Sanabria la autorización para publicar este texto, parte de su presentación del libro, el día 22 de junio de 2022.

Agradecemos también al autor, Felipe Munita, por la gestión.

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Ludy Sanabria es Licenciada en Español y Literatura y Magíster en Letras; mediadora de lectura, traductora y profesora de lengua y literatura en Educación Media.

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